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| Agosto 13, 2006
Posiblemente, el mejor producto del mundo
Coraje, espíritu emprendedor y pasión por la calidad, fueron lo que movió a Gerard Adriaan Heineken, con apenas 22 años, a invertir la herencia de su padre en cerveza. Cuando tomó su decisión, Gerard no sabía nada sobre cómo elaborar cerveza. "Todo o nada", escribió a su madre en 1863, al contarle que que había entrado en negociaciones con los propietarios de la vieja fábrica cervecera De Hoonisberg con la intención de adquirirla, hasta que en 1864 Heineken se convirtió en propietario de las instalaciones y adquirió, además, campos para el cultivo de las materias primas. Su sueño: proveer la mejor cerveza del mundo. El 22 de enero de 1868 su familia y sus amigos tuvieron el placer de disfrutar de la primera cerveza Heineken. Hay varias cosas destacables en esta historia: • No es necesario ser un maestro para empezar una actividad. • Hace falta cierto grado de ingenuidad para montar un negocio. • Se necesitan años para llevar una idea a la práctica. • Se necesita dinero suficiente para aguantar la travesía por el desierto. • La calidad es lo que importa. • Vender es más fácil cuando la gente desea compulsivamente el producto. 0 Comentarios
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