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| Noviembre 21, 2007
Huir de los servicios como de la peste
Una cosa al menos he aprendido en los últimos 8 años como empresario por cuenta propia: jamás, en la medida de lo posible hay que tener una empresa de servicios. Quiero decir, empresas donde lo que compra el cliente son horas de mano de obra más o menos especializada. De hecho, el problema de muchas compañías de software es que piensan que operan con una oferta de manufactura cuando realmente son empresas de servicios. Esto hace que se organice la empresa alrededor de la venta de un producto manufacturado. Cuando en realidad los ingresos acaban entrando por desarrollos y adaptaciones del software estándar que a posteriori hay que mantener totalmente a medida sin ninguna economía de escala. Cuando oigo a los gurús del Software Libre decir: "¡Hey! Nosotros vamos a hacer dinero con los servicios". Pienso: "¡Locos!" ¿Acaso no se acuerdan de la gran colección de fracasos sonados de empresas de soporte de Linux en los 90? (VA Linux, TurboLinux, Linuxcare, etc.) Prácticamente sólo RedHat y Suse quedaron en pie, excepto Mandriva gracias al chauvinismo francés y Ubuntu por el empeño personal del multimillonario Mark Shuttleworth. Salvo contadísimas excepciones, la norma es que las empresas de servicios sólo funcionan bien cuando el fundador o fundadores cobran unos tarifas exorbitantes posibles sólo gracias a una excelente reputación profesional y aún así suelen degenerar. Sinceramente ¿alguien conoce un taller donde realmente se pueda confiar al 100% en los mecánicos? ¿o un restaurante donde los camareros siempre estén atentos y el cocinero nunca queme la comida? Incluso en la gama alta de la cualificación profesional, los arquitectos, por ejemplo, empiezan ganando fama con edificios singulares, y continúan su carrera profesional con proyectos fast track sin propósito urbanístico ni estético claro y encargados sólo para que alguien se forre/se ponga medallas (me refiero a cosas como la Torre Agbar o el Complejo Madrid Arena). Los problemas de fondo no son muy difíciles de escudriñar: 1º) Aproximadamente la mitad de los trabajadores son vagos y negligentes. 2º) En Europa los salarios son exorbitantemente altos comparados con la productividad. 3º) Los clientes son fastidiosamente roñosos a la hora de pagar por mano de obra. 4º) La masa salarial es un coste fijo imposible de reducir. 5º) Gestionar mano de obra es inherentemente complicado. 6º) Los clientes no tienen cultura de gestión. ¿Exagero? Quizá. Pero véanse las empresas más exitosas en todos los sectores: IKEA, Zara, McDonald's, Telefónica, Google, etc. Es fácil comprobar que en ellas se ha hecho lo posible por eliminar el factor humano de la ecuación. Ese es el gran logro de empresas como Oracle o Microsoft: que da igual a quién pongan de director de la filial española, porque seguirán vendiendo igual gracias al poder apisonador de su maquinaria de marketing. Recordar: servicios no, porque a más gente, más problemas. |
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